lunes, 18 de noviembre de 2013

Ángeles

Jonh Lafarge "Primavera"

Sé como es mi ángel. Lo sé porque lo he visto. Fue una madrugada de un día entre semana de hará unos 10 ó 12 años. Me desperté de repente y lo vi sobre mí, flotando en horizontal como a un metro de distancia.

Hearher Benette Phillips

Mas bien se encontraba entre David y yo. Era varón (a pesar de su supuesta "asexualidad", tenía aspecto masculino), con el rostro serio pero sereno, el torso desnudo y la parte inferior se difuminaba a lo largo de la cama. Sus alas eran increíbles, con una envergadura tal que llegaban de punta a punta del dormitorio.

Debora Coombs

No me sobresalté, sabía que estaba allí para protegerme, pero al primer parpadeo, desapareció, y yo me volví a dormir. Al día siguiente se lo conté a David , me contestó : "Fue un sueño..." Puede que si; de hecho seguro que fue un sueño, pero se ha quedado grabado en mi memoria a fuego.


Stained Glass Resources 


Mis hijos (ellos sí que son unos verdaderos ángeles) me preguntan a menudo por ellos. "¿Qué hacen?" "¿Cómo se llaman?" Y yo les contesto que un verdadero ángel no sólo protege, también está para darnos energía, ese empujón diario para enfrentarnos a los retos.
Jonh Lafarge


Están para ayudarnos a mejorar nuestra vida y para ayudarnos a comprender lo que ocurre a nuestro alrededor. Incluso para que tengamos más confianza en nosotros mismos y en los que nos rodean.



Cuando me preguntan por su nombre, yo les digo que dependiendo del momento tienen un nombre u otro: unas veces se llama Constancia, otras Honestidad, otras Tenacidad, otras Gratitud, o Alegría...es cambiante, se adapta sin queja según el momento.

Dibujo, no es una obra realizada en vidriera, pero he considerado agregarla por su belleza.

Aunque en ocasiones desaparecen, y aun siendo de día no vemos y tropezamos con piedras, a veces la misma que tan solo se retoca y se maquilla para que no la reconozcamos y tropecemos con ella una y otra vez.  Piensas que así es imposible, que no hay quien ande dos pasos sin tropezar. Pero siempre regresan, y nos iluminan para que nos levantemos y volvamos a caminar hacia delante de nuevo

lunes, 11 de noviembre de 2013

Depoarte

Desde el mismo momento que la humanidad habitó la tierra, despertó la actividad física: los cambios climáticos, la escasez y búsqueda de alimentos así como la constante protección de las amenazas.
El hombre se dio cuenta de que los medios para enfrentarse a estas actividades eran su inteligencia y su fuerza física.

Y que para mantenerse en pie sobre la tierra debía de estar con la mente despierta y tener la suficiente capacidad física para sortear cualquier situación adversa.

Quizá sólo haya dos épocas en las que el deporte ha formado parte importante de la humanidad: en la Grecia clásica con la creación de la Olimpiadas (aquí el hombre se empezó a preparar a conciencia para competir) y tres mil años después, en nuestra sociedad actual, con la incorporación de unas nuevas Olimpiadas  reorganizadas.




Aristóteles vio en el deporte la máxima felicidad que un hombre por su propia naturaleza puede pretender, como todo ser humano que ama la vida, desea también el deleite. Y es que el ejercicio físico resulta que nos mejora la función mental, la autonomía, la memoria, la rapidez, la "imagen corporal" y la sensación de bienestar. Nos produce una estabilidad en la personalidad, aumenta el optimismo, la euforia y la flexibilidad mental.


 En mi vida siempre ha estado presente el deporte; mi famila me lo ha puesto fácil y al alcance (con  dos de mis hermanos que además son unos auténticos fuera de serie). Desde bien pequeña le he dado a las piernas, me encanta correr. Ya de adulta, mi hermano David me metió el gusanillo del running y en el fenómeno de las carreras populares, apuntándome a ellas. Después vino el trail, por la cercanía de El Pardo y de la mano de mi buen amigo David, con el que corrí mi primer cross de montaña en el año 2012. A partir de ese momento, tengo claro que hubo un antes y un después en mi vida a nivel deportivo.

El trailrunning saca la mejor versión de mi misma. No solo por haber conocido a un grupo de personas que sé que van a formar parte de mi vida por (espero) mucho tiempo, es porque también, como no es un deporte fácil, a la hora de calzarme las zapatillas para una carrera o un entreno, la perspectiva que cojo es como si fuese la vida misma, con toda su belleza, pero también con esos momentos especialmente duros que aprendemos a superar, y que cuando estás cansado, con calambres en las piernas y te entran unas ganas enormes de abandonar, sale de dentro esa fuerza que te hace seguir adelante. También tiene momentos maravillosos y muy felices, en los que levantas la vista y sientes toda la belleza del bosque y de la montaña. Inspiras emociones y expiras sentimientos que te dan mucha vida.

Harold V. Melchert lo resumió perfectamente en una frase: Vive tu vida como si subieras una montaña. De vez en cuando mira la cumbre, pero más importante es admirar las cosas bellas del camino. Sube despacio, firme, y disfruta cada momento. Las vistas desde la cima serán el regalo perfecto tras el viaje.

Y aunque muchos de los que leéis estas líneas ya sé lo que me vais a contestar, contadme ¿Qué deporte os representa más y qué os hace sentir?




lunes, 4 de noviembre de 2013

Japoneando

Katshusi Fukuta


Por fortuna o por desgracia, tengo muchas pasiones, entre ellas Japón y su cultura. Me encanta la decoración japonesa, el arte, la literatura y soy fan absoluta del anime japonés. Sólo hay una cosa que no me termina de convencer: la vergüenza social a expresar sus emociones y sentimientos
Katshusi Fukuta
 Ellos lo denominan "in-presar" sus sentimientos. O sea, lo contrario a expresarlos. Entre ellos, hay una total falta de contacto físico; no se saludan dando la mano ni con un beso, si no con una reverencia. Carecen de espontaneidad, no se cogen de la mano, no se abrazan, no se besan...un caracter así en España sería impensable. Y cuando nos encontramos a alguien así aquí, pensamos que es de hielo, nos choca y nos cuesta entenderle.
Katsushi Fukuta
 Para entenderles un poco más, todo tiene que ver con el "honor y el respeto", no provocar un sufrimiento innecesario a la persona que aman. Yo creo que no aguantaría mucho en la sociedad nipona, sinceramente; a mí los que me quieren me lo dicen y demuestran o arde Roma. De la misma manera que a los que quiero, los quiero mucho y se lo hago saber a cada momento. No hay nada más bonito que demostrar tu amor por alguien, ya sean hijos, familias, amantes o amigos.

Hay un párrafo en el libro que me estoy leyendo en estos momentos que dice lo siguiente: "El amor nunca se malgasta, aunque no te lo devuelvan en la misma medida que mereces o deseas. Déjalo salir a raudales. Abre tu corazón y no tengas miedo de que te lo rompan. Los corazones rotos se curan. Los protegidos acaban convertidos en piedra." *

Katshusi Fukuta
 Y tiene razón. Compartir la buena energía que emanas cuando quieres a alguien (quizá por eso les doy tantos besos y abrazos a mis hijos, y les recuerdo cada día lo muchísimo que les quiero) es lo mejor que puedes hacer. Ayer, sin ir más lejos, la grupeta de amigos que subimos a la montaña, ante un ligero "despiste" al tomar un sendero equivocado, resultó una de las mejores jornadas que he vivido en mucho tiempo, con muchísimas risas, buen humor y solidaridad. Y con una despedida con su buena ración de besos, abrazos y sonrisas.

Katshisi Fukuta
 La conclusión al final es que no hay que estar "japoneando" los sentimientos. No hay que reprimirse ni sentir vergüenza: abraza, besa, ama, rie y si tienes que llorar, llora. Déjalo salir a raudales.




*Libro: "El café de los corazones rotos", de Penelope Stokes

lunes, 28 de octubre de 2013

¿Me escuchas?

A la hora de hacer algunas vidrieras, y el arte en general, hay que dejar volar la imaginación. Es como dejarse llevar. Cada uno en nuestra manera de ser, diferente, hacemos cosas que otros es probable que no entiendan, aunque para nosotros sea normal y nos guste.

O simplemente no vean lo que hemos creado. O no nos oigan cuando hablemos. Que malgastemos palabras con quien creemos que nos escucha.
 
Quizás sea eso, que no escuchan nuestra voz. Que estén demasiado lejos o demasiado sordos.

O nosotros demasiado mudos y muertos y desquiciados y tristes y desahuciados. Quizás nunca les hablamos.

Si nos escucharan, les diríamos que de qué sirve enamorarse si cuando el amor se acaba sólo quedan fotografías rotas, y que como se puede romper a alguien que amaste.


Que si no sería mejor ser amigo del que amas y amante del que no tanto. Y pediríamos que nunca nos amasen.

Al final les preguntaríamos "¿Me escuchas?" Y como no contestarían, les dejaríamos escrita esta nota, aunque a duras penas si entiendan nuestra letra.



 
El texto de hoy es una adaptación de una nota que publiqué en facebook hace cerca de un año







lunes, 21 de octubre de 2013

Amor verdadero

No hay amor más intenso que el que sentimos por nuestros hijos.
Recuerdo perfectamente cada uno de mis dos embarazos, las 39 semanas que llevé conmigo a mis hijos. Sentir sus corazones latiendo dentro de mi me convertía en heroína, fuerte, capaz de todo. Sus latidos me hacían compañía en cada momento, nunca estaba sola. Éramos una persona dentro de la otra.


El día de su nacimiento fue tan intenso, ver sus caras, su primera mirada, la explosión de amor y felicidad fue tan grande que me hizo olvidar el dolor que sentí minutos antes.
Sus primeras palabras, sus primeros pasos, su primer baño...de repente la casa se inundó de sonidos y alboroto, de risas y llantos, de princesas y dinosaurios, de "te quieros" y abrazos prolongados, de intensos debates sobre "Pepa Pig" y carreras de coches por los pasillos.

La angustia y el miedo cuando se ponen enfermos también es más intenso, y la impontencia cuando sentimos que ante determinada situación no les hemos protegido lo suficiente, también es mayor. Pensar que mis hijos crezcan sanos y felices es mi mantra. No deseo otra cosa de manera más ferviente en este mundo, no quiero nada material, sólo que sean felices y se sientan amados. Que cuando crezcan sean personas consecuentes, responsables, honestas, amables y generosas, virtudes que cada día nos cuesta más encontrar. 

Agradezco cada día la bondad y la alegría que les inunda y me siento orgullosa de cada acto correcto que realizan. El trabajo es duro, mucho. Son como árboles que hay que regar y cuidar para que crezcan sanos y fuertes, quitando las ramas insanas que pueden estropear su desarrollo.

Y hoy, que es un día especial, al menos para Jimena, esta entrada va dedicada a ellos. A Jimena, que es tan valiente, tan tenaz, tan preocupada por todos, tan perseverante, tan simpática, tan generosa, tan princesa...y a Nicolás. tan trasto, tan amoroso, tan meloso, tan feliz, tan despreocupado, tan intelectualmente inquieto, tan divertido...que son lo mejor de mi vida y que si hay algo que ser madre me ha enseñado, es que mi amor hacia ellos crece y se mutiplica cada día.

domingo, 13 de octubre de 2013

Música y alma

Me encanta la música, la buena música. Todos sabemos que la implicación de los sentimientos en la música es bastante clara... blues, jazz, reagge, una guitarra afilada que te punza el alma, que te eriza el vello del cuerpo. Son demasiadas las canciones que logran removerme la fibra sensible.

 

 ¿Cuantas veces nos hemos idenificado con la letra de una canción? Hasta tal punto, que nos influye en nuestro modo de pensar y actuar. Las emociones que nos provoca en ese momento son sacudidas del ánimo, de recuerdos, de deseos, de sentimientos, de pasiones...
 
Sólo de pensar en las sensaciones que podemos llegar a experimentar...como se potencia el amor con la baladas románticas, o como nos molesta unos acordes mal tocados o desordenados, la ira que provoca. En el cine es un apoyo fundamental, para meternos más miedo (la banda sonora de Psicosis o El Exorcista), para alegrarnos (como Amelie o La vida es bella) o divertirnos (¿Os acordáis de la de La Pantera Rosa, o La vida de Brian?), Está claro que sin la música, nuestras películas favoritas no serían lo mismo.


En cierto modo, la música es como una compañera inseparable que está en todos los momentos de mi vida: en los tristes, en los alegres, en los divertidos, en los que necesito "caña", en los que necesito libertad ¡Cuantas sensaciones experimentamos! ¿Alguna vez os habéis parado a pensar en lo que llegamos a sentir? Brotan grandes sentimientos, sin duda.


Sin llegar a definir ningún tipo de música, hablando así, en general, o de vuestra favorita ¿Qué sensaciones os provoca a vosotros?

 
Por cierto, no puedo evitar cerrar la entrada de hoy con una canción que rememórabamos el sábado con gran amiga Inés, estupenda para comenzar un lunes: Se muy feliz y  Mira siempre el lado brillante de la vida.

lunes, 7 de octubre de 2013

Bichos

 
No me gustan los bichos. Son necesarios, lo sé, pero me dan una grima horrible. Cualquier ser vivo que tenga más de cuatro patas y además vuele, no es de fiar, os lo digo yo.

Ni siquiera las mariposas, que de lejos son tan preciosas, tan adorables, tan bucólicas mientras revolotean de flor en flor y sin embargo las ves de cerca y dan un repelús!! Incluso hay una mariposa nocturna que la llaman la mariposa de la muerte y que es del tamaño de un murciélago. No hace nada, obviamente es inofensiva, pero solo el tamaño que se gasta semejante polilla, paraliza.

Me vienen a la memoria muchas de las ocasiones en las que me he asustado, escenas llenas de pánico en las que he gritado de puro terror. Recuerdo un día, mientras hacía el Camino de Santiago, como sentí en el brazo un pinchazo. Pensé que me había picado una avispa, tiré el palo a un lado y salí corriendo y gritando como una histérica, cruzando la carretera y todo... resultó ser la cincha de la mochila que me rozada. Patético, lo sé.

En otra ocasión rompí el frontal extraíble de la radio del coche al encontrarme una cucaracha en el suelo de la entrada de mi primera casa. Era verano, llevaba sandalias y ese bicho horrible tenía que morir, pero en milésimas de segundo pensé en el "crunch" que haría si la pisaba, demasiado cerca de mi planta del pié, así que me lié a porrazos con el frontal de la radio mientras gritaba "¡¡Muere!". Pagué un precio muy alto, a partir de entonces sólo sintonizaba Radio Olé.

 

 También recuerdo de una manera bastante espeluznante las escolopendras de El Coto, algunas de un tamaño tal, que creía que se comían a vacas enteras. Más tarde me enteré que son capaces de atacar a un ratón y zampárselo...ideal. Las recuerdo tremendamente agresivas, enormes, gordas, con miles de patas y esos bigotes...brrr!! Cada mañana teníamos que mirar los zapatos para no llevarnos una sorpresa al calzarnos, que las muy melindres buscaban el calorcito y allí se refugiaban.
Tengo muchas más anécdotas, pero las dejo para otra ocasión. Así que desde aquí mi más profunda admiración a todos aquellos animalillos que se los comen con tanto gusto que se relamen y todo.
Y vosotros ¿Sois de los que os paráis a coger cualquier escarabajo y meterlo en un bote o corréis como alma que lleva el diablo en cuanto veis uno? ¿Cúales son vuestras anécdotas?